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EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE PÍO BAROJA

Резюме. In this brief essay, we firstly delineate Baroja’s notion of literature and, then, we focus on his political thought. Here we explain his conception of anarchism and liberalism. We conclude with an exposition of Baroja’s ideal of a political society.

Ключови думи: Pío Baroja, Realism, Anarchism, Liberalism, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche

Don Pío Baroja y Nessi (1872 – 1956) ha sido encasillado en la historia de la literatura española como miembro de la denominada “Generación del 98”. Si bien es cierto que Baroja fue siempre contrario a esta etiqueta y, más aún, a que se le clasificara entre una serie de escritores que, según él, nada tenían en común1) , es un hecho histórico que la derrota militar de 1898 y la consiguiente pérdida de las últimas colonias americanas fueron los factores desencadenantes de una grave crisis política y social que provocó el surgimiento en España no sólo del secesionismo catalán2) , sino también de diversas manifestaciones culturales3) . Una de ellas fue el “Grupo de los Tres”, movimiento formado por Pío Baroja, José Martínez Ruíz (Azorín) y Ramiro de Maeztu que pretendía impulsar toda una serie de reformas sociales con el fin de regenerar el país.

A pesar de estos anhelos políticos comunes, este grupo de escritores era artísticamente muy heterogéneo. Así, por ejemplo, Pío Baroja pronto se distinguió por su sencillez de estilo y el carácter directo de su prosa4) , los cuales iban estrechamente ligados a una concepción realista de la literatura:

Yo no he partido nunca de la lectura de un libro para escribir otro [...]. Yo he escrito de la vida pobre de Madrid porque la casualidad me hizo conocerla; he contado la vida de un médico de aldea porque he sido médico de pueblo; he hablado de la guerra carlista del 73 al 76 porque mi padre estuvo en ella. He escrito de Aviraneta porque era pariente mío, y he hablado de la brujería vasca porque vivo cerca de un foco de brujería. 5)

Es decir, la vida constituía su principal fuente de inspiración a la hora de componer sus obras novelísticas. “He intentado – confiesa en otro pasaje Baroja– ver lo que ha aparecido en mi horizonte mental con la mayor claridad, y he pretendido poner el mínimo de arbitrariedad posible y de sistema en las figuras y en los conceptos de hombres, mujeres, paisajes e ideas” (Baroja, 1944, 484 – 485). Si a ello se le añade el predominante componente psicológico que se halla en su producción, se comprenderá que se le haya podido calificar de “le Dostoïevski espagnol”6) .

Otro rasgo literario distintivo de Pío Baroja es la gran variedad temática que se puede encontrar en su extensa obra, la cual va desde la teoría de la literatura hasta la medicina, pasando por la psicología, la historia, la filosofía, la filología o la política, ocupando precisamente esta última un destacado lugar7) . De ahí que afirmara que “la laxitud de la ética siempre me ha parecido desagradable” (Baroja, 1947, 810), que sintiera “una fuerte aspiración ética” (Baroja, 1908, 230) y que recordara que, “modernamente, la gran literatura europea social ha sido moralista”, citando como ejemplos paradigmáticos a Dickens, Tolstoi, Dostoievski e Ibsen8) .

Si penetramos en la concepción política de Pío Baroja, observaremos cómo ésta no se define por preconizar una revolución de carácter socialista, comunista o fascista, sino por querer transformar los cimientos de la sociedad a través de una declaración de guerra total “a todo lo existente”, puesto que “la lucha por la vida y por la guerra son los principios que conservan en el hombre las cualidades viriles y nobles. Luchar, guerrear: ésta debe ser la política nuestra”9) .

Esta concepción bélica de la política, alejada de todo componente nihilista10) , tiene como base un liberalismo que Baroja define como “radical, individualista y anarquista” y describe como “primero, enemigo de la Iglesia; después, enemigo del Estado; mientras estos dos grandes poderes estén en lucha, partidario del Estado contra la Iglesia; el día que el Estado prepondere, enemigo del Estado”11) . Junto con este principio de “crítica y acción destructora”12) del liberalismo, Baroja resalta su tarea histórica de “dar libertad y medios de actuar a las gentes capaces e inteligentes”13) .

Una exposición detallada de este liberalismo se encuentra en los primeros párrafos de su novela César o nada (1910), donde sostiene que “lo individual es la única realidad en la naturaleza y en la vida […] Sólo el individuo existe por sí y ante sí. Soy, vivo, es lo único que puede afirmar el hombre […] Desde un punto de vista humano, lo perfecto en una sociedad sería que supiese defender los intereses generales y al mismo tiempo, comprender lo individual, que diera al individuo las ventajas del trabajo en común y la libertad más absoluta; que multiplicara su labor y le permitiera el aislamiento. Esto sería lo equitativo y lo bueno”14) . De estas palabras se deduce la gran importancia que para Baroja tenían tanto el individuo, como –y ante todo– la libertad, la cual es definida como “el único bien del hombre”, añadiendo que, “cuanto más absoluta, mejor”15) . Aunque estas declaraciones del escritor vasco pudieran recordar al himno de la C.N.T., donde se afirma que “el bien más preciado es la libertad, hay que defenderla con fe y con valor”, no es lícito clasificar a Baroja de anarquista. En efecto, para él esta ideología constituye únicamente “una crítica de la vida social y política, un liberalismo extremo”, en el que encuentra “estimable la defensa individual y el sentimiento de piedad” (Baroja, 1934, 883). De este anarquismo, Baroja rechaza su carácter constructivo por optimista e ingenuo (cfr. Baroja, 1944, 414), puesto que su anhelo de realización de un paraíso terrenal16) muestra un enorme desconocimiento de la naturaleza humana (cfr. Baroja, 1944, 414) y de la esencia de la vida, la cual se define como “concurrencia vital” y lucha por la existencia17) .

Esta concepción del liberalismo y del anarquismo recibe especial atención en otra novela de Baroja escrita en 1904 con el título de Aurora roja18) , en concreto, en sus personajes de Juan y Roberto Hastings.

Juan es presentado en la obra como un estudiante de Teología que abandona el seminario, se convierte en vagabundo y toma como principios vitales “no retroceder nunca” (Baroja, 1920, 13) e ir “siempre [hacia] adelante” (Baroja, 1920, 15 y 18). Defensor de un anarquismo que “tenía un carácter entre humanitario y artístico” y que se distinguía por no haber leído “casi nunca libros anarquistas”, sino sólo a Tolstoi y a Ibsen (Baroja, 1920, 104), Juan expone en un momento dado de la trama sus principios políticos. Éstos se resumen en una defensa de un anarquismo que pretende liberar al hombre “de toda autoridad, sin violencia, sólo por la fuerza de la razón” y en la desaparición tanto del Estado, puesto que “no sirve más que para extraer el dinero y la fuerza que él supone de las manos del trabajador y llevarlo al bolsillo de unos cuantos parásitos”, como de la ley, ya que constituye, junto con el Estado, “la maldición para el individuo”, perpetuando ambos “la iniquidad sobre la tierra”. Asimismo, como condición indispensable para garantizar una sociedad justa, Juan proclama la eliminación del juez, el militar y el cura, “cuervos que viven de sangre humana, microbios de la humanidad” (Baroja, 1920, 230 – 231).

A pesar del carácter liberal y libertario de estas palabras, Baroja presenta otra versión del anarquismo defendida por Roberto Hastings, personaje recurrente en esta trilogía que conforman La busca, Mala hierba y Aurora roja bajo el título común de La lucha por la vida. Para Hastings, “la anarquía para todos no es nada. Para uno sí; es la libertad. […] El montón, la masa, nunca será nada. Cuando haya una oligarquía de hombres selectos, en que cada uno sea una conciencia, entre ellos la libre elección, la simpatía, lo regirá todo. La ley sólo quedará para la canalla que no se haya emancipado” (Baroja, 1920,128).

Según Hastings, el hombre ha de luchar no sólo por mantener su libertad, sino también por su extensión a través del dominio y del poder. “En la vida hay que luchar siempre” y no bajar jamás la guardia, ya que “viviendo en sociedad, o es uno acreedor o es uno deudor. No hay término medio […] En el porvenir no pueden suceder más que dos cosas: o que, a pesar de las leyes que están hechas a beneficio de los débiles, de los inmorales, de los no inteligentes, sigan como hasta ahora dominando los fuertes, o que la morralla se imponga y consiga debilitar y acabar con los fuertes” (Baroja, 1920, 129 – 130).

Puesto que influir directamente en el curso de la humanidad es una tarea que ahora resulta casi imposible, Hastings sostiene que la misión del hombre consiste en “modificarse a sí mismo, crearse de nuevo. Para eso no se necesitan bombas, ni dinamita, ni pólvoras, ni decretos, ni nada. ¿Quieres destruirlo todo? Destrúyelo dentro de ti mismo. La sociedad no existe, el orden no existe, la autoridad no existe. Obedeces la ley al pie de la letra y te burlas de ella. ¿Quieres más nihilismo? El derecho de uno llega hasta donde llega la fuerza de su brazo. Después de esta poda, vives entre los hombres sin meterte con nadie” (Baroja, 1920, 273 – 274). La base de este pensamiento activo de Hastings es la acción, puesto que ésta “es todo, la vida, el placer. Convertir la vida estática en vida dinámica;

éste es el problema […] Ya que nuestra ley es la lucha, aceptémosla, pero no con tristeza, con alegría […] La lucha siempre, hasta el último momento, ¿por qué? Por cualquier cosa” (Baroja, 1920, 275 – 276). Como colofón, Hastings sentencia que, si “tus instintos se funden en un sentimiento de piedad para los demás” y “no sientes el egoísmo fiero”, entonces “estás perdido” (Baroja, 1920, 276).

Estas dos visiones aparentemente contradictorias del anarquismo-liberalismo de Baroja se comprenden, si se tiene presente que sus dos grandes influencias filosóficas fueron Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. Como declara en su escrito auto-biográfico La formación psicológica de un escritor, “yo me sentía [en sus años de estudiante, JM], como he dicho, anarquista, partidario de la resistencia pasiva recomendada por Tolstoi y de la piedad como lector de Schopenhauer y como hombre inclinado al budismo […] Después reaccioné contra estas tendencias, y me sentí darvinista, y consideré, como espontáneamente consideraba en la infancia, que la lucha, la guerra y la aventura eran la sal de la vida” (Baroja, 1934, 883).

En efecto, durante su juventud, Pío Baroja estuvo fuertemente influenciado por el pensamiento de Schopenhauer, como muestran sus escritos hasta 1902. Después, lee a Darwin y a Nietzsche y defiende una visión de la realidad basada en la lucha y en la fuerza. No obstante esta filosofía activa, Baroja no abandonó jamás su poso schopenhaueriano19) .

Así se entiende que, después de redactar su enérgica César o nada (1910), publicara su gran obra filosófica El árbol de la ciencia (1911), en la que expresa a la perfección el “concepto del hombre de Schopenhauer y su dilema”20) .

Todas estas breves pinceladas sobre la concepción política de Pío Baroja muestran que, a pesar de sus declaraciones de que en su obra no se halla ningún tipo de intencionalidad social21) y política22) , este “escritor individualista y liberal”23) fue un hombre comprometido social y políticamente24) . Esta acción política y este ansia de regeneración y de mejora de España no lo abandonó jamás, insistiendo hasta el final de sus días en la necesidad de la destrucción de la sociedad con la finalidad de crear25) una España que “mejore, que se robustezca, que llegue a ser una nación seria e inteligente, que realice la justicia en el mayor grado posible, que tenga una cultura vasta, original y múltiple” (Baroja, 1918, 260).

Para tal fin, Baroja defendió un sistema político en la forma de un “despotismo ilustrado, progresivo, que actualmente en España sería un bien”, es decir, de un hombre que fuera lo suficientemente fuerte no sólo para imponerse sobre todos los demás, sino también para realizar acciones útiles para la sociedad26) . Esta “dictadura de las personas inteligentes” tendría como tarea “realizar con plenitud el orden y el progreso de las cosas materiales, dejando a los hombres la absoluta libertad de pensar cuanto fueran asuntos del espíritu”27) .

Como Baroja demostró en el momento más complicado de la historia del siglo XX español28) , esto no significaba que deseara una dictadura comunista o fascista, sino más bien todo lo contrario. Su política era el ideal de un hombre que había dedicado su vida entera “al trabajo, a la pulcritud en las relaciones humanas, a la vida sencilla y a conseguir que el hombre pueda desarrollarse con serenidad y con el máximo de libertad, de justicia, de cultura y de benevolencia” (Baroja, 1933, 912).

NOTES

1. Véase, por ejemplo, su texto “La supuesta generación de 1898”, en Baroja, P. (1924). Divagaciones apasionadas, O.C., V, 496-498 (a no ser que se indique lo contrario, de aquí en adelante se citará a partir de las obras completas [=O.C.] editadas por Biblioteca Nueva). Asimismo, Martínez Palacio, J. (1999). La generación del 1898 según las Memorias de don Pío Baroja. Tortosa: UNED-Tortosa.

2. Véase, p. ej., Laínz, J. (2014). España contra Cataluña. Historia de un fraude. Madrid: Encuentro y la reseña en AGON. Grupo de Estudios Filosóficos http://agonfilosofia.es/index.php?option=com_content&view=article&id=260&Itemid=13

3. Cfr. Azorín (1961). La Generación del 98. Salamanca: Anaya y Laín Entralgo, P. (1945). La Generación del 98. Madrid: Diana, Artes Gráficas y Laín Entralgo, P. (1948, reeditado en 1957). La Generación del 98 y el problema de España. Madrid: Espasa-Calpe.

4. Sobre esta cuestión, véase Bello Vázquez, F. (1988). Lenguaje y estilo en la obra de Pío Baroja. Salamanca: Ediciones de la Universidad de Salamanca.

5. Baroja, P. (1944). “El escritor según él y según los críticos”, en Desde la última vuelta del camino, Memorias, O.C., VII, 436. Cfr. además Baroja, P. (1908). La dama errante. O.C., II, 231.

6. Cfr. Grignon-Dumoulin, J. (1956). “Le Dostoïevski espagnol: Pío Baroja”, Le Monde, París (2.XI.1956), 12. Sobre Dostoievski y Pío Baroja, véase Morillas, J. (2014). F. M. Dostoievski en España, en la página web de la sección española de la International Dostoevsky Society: http://agonfilosofia.es/index.php?option=com_content&view=article&id=269&Itemid=16

7. Cfr. Baroja, P. (1948). “La intuición y el estilo”, en Desde la última vuelta del camino, Memorias, O.C., VII, 1028 – 1029.

8. Baroja (1947), 810, así como Baroja, P. (1934). “La formación psicológica de un escritor” (12-V-1934), en Baroja, P. (1936). Rapsodias, O.C., V, 886.

9. Baroja, P. (1910). “Divagaciones acerca de Barcelona”, conferencia del 25 de marzo de 1910, recogida en Baroja, P. (1924), 537.

10. Cfr. Baroja, P. (1933). “Las ideas de ayer y de hoy” (octubre de 1933), en Baroja (1936), 898.

11. Baroja, P. (1917). Juventud y egolatría, O.C., V, 214.

12. Baroja, P. (1935). “Romanticismo y carlismo” (19 de mayo de 1935), en Artículos, O.C., V, 1302.

13. Ibid.

14. Baroja, P. (1975). César o nada. Madrid: Caro Raggio, Editor, 7 – 10.

15. Baroja, P. (1902). “Burguesía socialista”, El Globo (27.XI.1902), ahora en El tablado de Arlequín, O.C., V, pág. 17.

16. Cfr. Baroja, P. (19852). El árbol de la ciencia. Edición de Pío Caro Baroja. Madrid: Caro Raggio/Cátedra, 185.

17. Cfr. “El relativismo en la política y en la moral” (enero de 1932), en Rapsodias, O.C., V, 925.

18. Baroja, P. (1920). Aurora roja. Madrid: Caro Raggio, Editor.

19. Cfr. Juventud, egolatría, O.C., V, págs. 159 – 160 y Baroja, P. (1918). Las horas solitarias, 310. Véase además Saz Parkinson, C. R. (2011). Positivamente negativo: Pío Baroja, ensayista. Madrid: Editorial Complutense.

20. Inman Fox, E. (1979). Baroja y Schopenhauer: El árbol de la ciencia. En: Martínez Palacio, J. (ed.). (1979). Pío Baroja. Madrid: Taurus Ediciones, 397-408, aquí 408 (artículo traducido por Rodrigo Solera Borbón, publicado originalmente en inglés en Revue de Littérature Comparée. 37.3 [1963], 350 – 359). Citamos a partir de la versión española modificando sensiblemente la traducción.

21. Baroja, P. (1931). “Alrededor de la literatura y de la vida”, 695.

22. Cfr. Baroja (1933), 897 – 898 y “Galerías de tipos de la época”, O.C., VII, pág. 809.

23. Baroja, P. (1998). Ayer y hoy: Memorias. Madrid: Editorial Caro Raggio, 9 y 78.

24. Aunque si bien por un breve periodo de tiempo, Baroja participó activamente en política. Véase Baroja, P. (1918). “Una excursión electoral”, 263 – 282 y Baroja (1944), 454 – 456.

25. Cfr. el “Elogio metafísico de la destrucción”, en Paradox, rey, O.C., II, págs. 203 – 204, así como Baroja, P. (1908). “La labor común”, El Socialista (1-V-1908), ahora en Baroja, P. (1917). Nuevo Tablado de Arlequín (1917), 83 – 85.

26. Cfr. Baroja (1920), 132. Lo que podría ser a primera vista una contradicción con su ideal de libertad, Baroja lo rebate argumentando que “para mí, para mi libertad, es más ofensivo acatar la ley que obedecer a la violencia (Ibídem) […] Para mí, la autoridad es mejor que la ley. La ley es rígida, estable, sin matiz; la autoridad puede ser más oportuna y, en el fondo, más justa […] Yo prefiero obedecer a un tirano que a una muchedumbre; prefiero obedecer a la muchedumbre que a un dogma. La tiranía de las ideas y de las masas es, para mí, la más repulsiva” (Baroja, 1920, 272). Véase también Baroja (1934), 885 y 896.

27. Baroja (1934), 885 y Baroja (1931). “Alrededor de la lectura y de la vida”, 703.

28. La postura de Baroja frente a la Guerra Civil se refleja en sus obras Ayer y hoy, Aquí París y Las veladas del chalet gris.

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